página
pesonal de

César Astudillo

columnas
relatos
diseño
cánidos
debacle
de todo
yo, yo y yo

columnas
LA NOSTALGIA ESTRENADA

He oído a alguien decir que la industria informática (a mí me gusta más decir "este oficio" que "la industria informática", porque lo primero queda gremial y castizo y lo segundo me recuerda a Aviador Dro), bueno, pues he oído decir que este oficio "ya nunca va a volver a su época dorada". Mira por dónde. La jovencita informática ya tiene hasta su nostalgia particular. Supongo que esto señala el inicio de su madurez: cuando menos, constata la inauguración de un pasado. Existiendo un pasado, la nostalgia le emana como algo necesario: donde hay pasado hay nostalgia, igual que donde hay geranios hay pulgones y donde hay programadores hay errores de programación.

Pasado, hay: este oficio se mueve tan condenadamente deprisa que el año anterior está escrito en los libros de Historia y hace dos años forma parte del registro fósil. Cuando yo empecé en esto, todavía circulaba el tópico entre el padre de familia con hijos en COU de que la informática era un oficio "con mucho futuro". Qué risa. Si todavía hoy queda algún despistado que lo diga, lo debe de decir muy bajito. Sí que han pasado cosas, sí. Mis compañeros y yo llevábamos dos bolígrafos, tres rotuladores y un portaminas en el bolsillo de la camisa, y cuando decíamos en qué trabajábamos la gente nos miraba como si estuviéramos a medio camino entre Einstein y Su Divina Gracia el gurú indio que introdujo a los Beatles en nuevos estados de conciencia. Académicamente, uno de ellos era maestro de EGB, otro físico, y otro, Juanma, acababa de terminar FP especialidad fontanería. Yo sólo tenía el bachiller.

Luego vino la época del crecimiento, o mejor dicho, la de la hipertrofia: en el país donde uno podía hacer "más dinero en menos tiempo", frase inmortal, los programatas evolucionamos en bomberos parcheadores de la chapuza oportunista, en expertos al minuto con el desparpajo suficiente como para darle al cartón piedra de aquellos proyectos un barniz de "profesionalidad" (otro palabro inmortal) delante del cliente. Y también era culpa suya, del cliente: su escala de valores tenía en la cumbre un plazo de entrega corto, continuaba con el número (el número) de prestaciones, y dejaba la mantenibilidad y la robustez en último lugar. Que me diga alguien que no. Se les dio lo que pidieron. La programación basura vino antes que la tele basura. Era la época del "me estás asignando tareas superiores a mi categoría, así que súbeme de categoría... o casi mejor, de sueldo". Qué tiempos... según cómo lo mires.

Ahora es otra cosa. La nueva consigna es "calidad, calidad, calidad" (léase con el tono que Anguita utiliza para decir "programa, programa, programa"). Ahora se habla de metodología como algo más que un farisaico lugar común, se invocan métricas que cuantifican la calidad de las aplicaciones, nos tomamos la sopa bajo amenazas en que el auditor informático cumple el papel de hombre del saco. Ahora lo malo es que somos analistas y lo que nos piden que hagamos es... ¡análisis! Ya no vale rellenar agujeros con la masilla del ingenio improvisatorio. Y a los más afortunados se nos congela el sueldo. Estamos divididos en dos bandos: los que temen perder su trabajo y los que han perdido su trabajo. Las empresillas de servicios sin una base sólida han caído como la flor del almendro, y para conseguir un trabajo hace falta algo más que hablar de experiencia y conducirse con la mano izquierda del Lazarillo de Tormes: ahora piden papeles, oyes. Y es que sacudes un árbol y te cae un Licenciado en Informática sin trabajo. Oferta y demanda, you know.

Cuando a Juanma le "no-renovaron-el-contrato", se puso a trabajar en aquello para lo que estudió: poner tuberías en la economía sumergida, algo en muchos sentidos más digno que su oficio previo. Gana bastante más que yo. Ayer me preguntó una chica en qué trabajo, y cuando se lo dije no me miró como me miraba antes la gente, vamos, ni me miró ni me dejó de mirar, miró a través de mí como se mira a través de un agente de seguros o de un administrativo de una Agencia de la Propiedad Inmobiliaria. En cambio, cuando yo empecé en esto...

No, si al final resultará que me he dejado contagiar de esa dichosa nostalgia de estreno. Y eso que "cuando yo empecé en esto" era hace seis años. Una eternidad, ya ves.

ver otras columnas